Día de la Lengua Materna: el cuento animado que busca concientizar sobre las lenguas en extinción en un país donde ya murieron 37 idiomas

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02.24.2025

Fuente: El Comercio

Día de la Lengua Materna: el cuento animado que busca concientizar sobre las lenguas en extinción en un país donde ya murieron 37 idiomas

Cada dos semanas muere una lengua en el mundo, una situación dramática que no ha mostrado mejoría en los últimos años y que pone en riesgo a una cantidad incalculable de relatos y conocimiento

Hay una situación dramática sobre la que se lleva advirtiendo desde hace al menos siete años: cada dos semanas muere una lengua en el mundo. La mera estadística es de por sí alarmante, pero para entender la verdadera magnitud de esta pérdida debemos ser conscientes de las historias, conocimientos y legados que son condenados al olvido cada vez que una de se esas lenguas se marchita.

Desde el 2000, cada 21 de febrero se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna con la intención de generar conciencia sobre la preservación de las lenguas originarias.

La Unesco advertía en el 2018 que el 40% de la población mundial no tenía acceso a la lengua que hablaban en su casa. El último miércoles, en una nueva publicación de esta agencia de la ONU, la cifra era exactamente la misma.

A lo largo de los años, 37 lenguas originarias han desaparecido en el Perú y cerca de la mitad de las que aún se hablan están en peligro de extinción.

/ LA RUTA

En nuestro país se reconocen oficialmente 48 lenguas originarias, cuatro de ellas son andinas y el resto amazónicas. Más de 4,4 millones de peruanos tienen una lengua indígena u originaria como materna, desde el Estado se impulsan iniciativas como la Educación Intercultural Bilingüe y se han distribuido cientos de títulos escolares en diversas lenguas originarias, pero aún se enfrentan enormes desafíos como tasas de analfabetismo significativamente más altas en comparación con la población no indígena, la escasez de maestros bilingües y el racismo.

La Ruta es un proyecto cultural que nació en diciembre del 2023 con el propósito de documentar y revalorar las tradiciones orales que se narran por todo el Perú, haciendo especial énfasis en aquellas que son contadas en lenguas originarias en peligro de extinción.

Durante estas dos primeras temporadas hemos recorrido la costa, sierra y selva del país registrando relatos en jaqaru, yanesha, ashaninka, nomatsigenga y amahuaca.

El señor Eduardo Ortíz nos recibió en la Comunidad Nativa Yanesha de Tsachopén, en Oxapampa, durante nuestra primera temporada.

/ LA RUTA

Desde el primer momento El Comercio apostó por este proyecto, convencidos de que no solo queremos registrar estos relatos sino que cada peruano se sienta orgulloso de sus orígenes y la riqueza cultural que carga quien está a su lado.

En el camino, además, encontramos en Verisure no solo a un auspiciador sino a un aliado dispuesto a apostar por la conservación de nuestras culturas. “En Verisure, estamos orgullosos de proteger lo que más importa, no solo en términos de seguridad, sino también en la preservación de nuestra identidad cultural. La Ruta nos inspira porque rescata historias en lenguas originarias en riesgo de desaparecer, manteniendo vivo un legado invaluable. Desde el inicio, apostamos por esta iniciativa porque creemos en la importancia de proteger nuestra diversidad, y hoy seguimos acompañando este viaje con la certeza de que cada lengua, historia y tradición merece ser preservada”, señala Cecilia Soto del Aguila, gerenta de Comunicaciones y Marca de dicha empresa.

Nuestra riqueza cultural es la esencia de nuestra identidad y perderla significaría desconectarnos de nuestras raíces. Los mitos, lenguas y tradiciones no solo nos recuerdan de dónde venimos, sino que también nos proyectan hacia el futuro con un sentido de pertenencia. En Verisure, estamos convencidos de que protegerlas y promover su difusión es fundamental para garantizar que este legado perdure para las próximas generaciones”, agrega.

Renzo Giner y Juan Pedro Torres junto a las mujeres emprendedoras del Centro Cultural Ibanko Tsompari, en Mazamari.

/ La Ruta

Con dicho objetivo en mente, nos propusimos lanzar un video en colaboración referente al Día de la Lengua Materna. El primer paso consistió en escribir un cuento que representara la brecha que existe entre las poblaciones mayores y las nuevas generaciones dentro de las propias comunidades. Un fenómeno que hemos podido atestiguar durante nuestros viajes y uno de los retos a atajar: muchos de estos jóvenes no se sienten orgullosos de sus raíces porque vivimos en una sociedad que hasta ahora prefería discriminarlos antes que enaltecerlos por cargar con dicho legado.

Así nació “Nai y el Río de los Espíritus”. El siguiente paso era darle vida a este texto y para ello sumamos al equipo a Camila Portocarrero Quispe, una talentosa joven que cursa el undécimo ciclo de la carrera Arte y Diseño Empresarial en la Universidad San Ignacio de Loyola.

La historia me pareció enternecedora. Intenté transmitir de la mejor forma posible esa idea de magia de un cuento fantástico. Para diseñar personajes, principalmente me base en una síntesis de rostros de personas de la selva, consultando imágenes del archivo acorde a su rol en la historia, generando formas distintivas entre los personajes principales. Buscando que la apariencia del personaje pueda describir más allá que sólo sus acciones en el video”, explica la artista.

Personajes diseñador por Camila Portocarrero.

/ Camila Portocarrero Quispe / La Ruta

Estéticamente hablando, hubo una fuerte referencia de los segmentos 2D de la película moana respecto al uso de colores vibrantes y el uso de diseños exclusivos de las comunidades de la selva como recurso estético”, agrega. “Los colores también juegan un rol en la narrativa, quise manejar la conexión de los espíritus y la pequeña protagonista Nai a través de este recurso. Se puede apreciar que al ser testigo de la mágia o los conocimientos de los espíritus de agua, la protagonista ha aprendido y ttansimitirá dichos conocimientos con sus iguales. El amarillo que forma parte de la paleta de los espiritus se añade de un tono mas encendido a la paleta de rojos del personaje de Nai, siendo un reflejo de la nueva riqueza en su propia identidad”.

Los colores fueron fundamentales para que Camila pueda expresar la magia de la historia.

/ Camila Portocarrero Quispe / La Ruta

«Nai y el Río de los Espíritus»

En el corazón de la selva, al borde de un río cristalino, Nai, una niña de mirada curiosa y alma inquieta, caminaba descalza recogiendo frutos.

Los sonidos de la selva eran su música diaria: el canto de los pájaros, el susurro del viento entre las hojas y el suave murmullo del río.

Pero una tarde, algo distinto llamó su atención.

Entre los ecos de la naturaleza se coló un sonido lejano, un golpe seco que parecía venir desde la orilla del río.

Intrigada, Nai siguió el ruido hasta encontrar un tambor viejo cubierto casi por completo por la arena. El instrumento tenía grabadas las mismas coloridas figuras que la niña veía a diario en su cushma o en el rostro de sus vecinos.

Con delicadeza, Nai lo desenterró y limpió su superficie. Aquellas figuras parecían contar historias alrededor del tambor. Intrigada, dio un primer golpe.

El sonido resonó profundamente y el agua del río comenzó a brillar. De repente, el espíritu de un anciano emergió de él.

“Soy la voz de aquellos que dejaron de hablar mi lengua”, le dijo el espíritu antes de volver a sumergirse en el río.

Sorprendida, pero fascinada, Nai dio otro golpe al tambor. Esta vez, el río volvió a brillar y de las aguas emergió un joven con una red de pescar tejida con hilos dorados.

“Estas son las historias que se perdieron en el olvido”, le dijo el joven espíritu a la niña, mientras decenas de paiches saltaban y danzaban a su alrededor.

“Escúchame niña… ayúdame a cantar de nuevo”, le pidió un tercer espíritu que tenía la forma de una mujer cubierta por un manto de hojas y flores, antes de mezclarse con el aire.

“Si nuestras palabras no viven en las tuyas, desapareceremos para siempre”, le advirtió el espíritu del anciano que se había vuelto a asomar desde el río.

Nai sintió un nudo en el corazón. No podía dejar que esas voces se apagaran, así que tomó el tambor y comenzó a correr hacia su comunidad.

Cuando llegó, todos los adultos estaban ocupados con sus trabajos, pero Nai no podía quedarse callada. Así que gritó: “¡Hey!”.

Los vecinos voltearon a ver a la niña mientras esta levantaba el tambor mágico hacia el cielo. Los adultos, desconcertados, la siguieron mirando en silencio.

Entonces, Nai comenzó a tocar y cantar como había aprendido junto al río. Uno a uno, los miembros de la comunidad se unieron a ella. Algunos sacaron sus flautas y quenas, otros improvisaron un tambor con un palo y un tronco hueco, y no faltó quien se puso a cantar a viva voz.

Mientras esto pasaba en la comunidad, el agua del río comenzó a brillar nuevamente, y los espíritus reaparecieron, esta vez sonrientes. La selva floreció con colores vibrantes y la alegría de los cantos comenzó a llenar el aire con una energía renovada.

La selva estaba viva, más viva que nunca. Y lo estaría por mucho tiempo más. «Diario El Comercio. Todos los derechos reservados.»